Son las siete de la tarde.
Te desabrochas el pantalón por debajo del jersey porque otra vez tienes la tripa hinchada.
La Vida Detrás del Síntoma
Mientras preparas la cena vuelves a preguntarte qué puede estar pasando. Puedes llegar a mí con eso. Yo estudio tu caso para entender qué puede haber detrás y detectar dónde está la pieza que más te ayude ahora.
No tienes que saber por dónde empezar. Para eso también estoy yo.
Quiero empezarPuedes empezar por aquí
Eso es suficiente para empezar.
Puede ser algo que lleva meses acompañándote o algo que acaba de aparecer y te ha hecho pensar: quiero entender qué está pasando y qué puedo hacer yo desde aquí.
Trae lo que te está pasando. Mi trabajo empieza escuchándolo.
Mi primera tarea
Miro cuándo empezó, cómo son tus digestiones y tu tránsito intestinal, qué comes y cómo lo haces, cómo está tu energía, cómo descansas, el estrés, el movimiento, tu momento hormonal y vital, tus horarios, lo que has probado y lo que realmente cabe en tus días.
Cuando corresponde, también reviso tus analíticas, diagnósticos y las indicaciones médicas que ya tienes.
Busco relaciones: qué pudo actuar como desencadenante, qué puede estar manteniendo lo que te ocurre y desde dónde tiene sentido empezar a trabajar.
Criterio aplicado a tu caso
Dos mujeres pueden llegar con el mismo síntoma y necesitar caminos distintos. En una, el primer movimiento puede estar en la alimentación. En otra, en los horarios, el descanso, la hidratación, el movimiento o en cómo está llegando a determinadas comidas.
A veces mantendremos casi todo lo que ya haces y cambiaremos muy poco. Otras veces necesitaremos ir más atrás y construir una base antes de trabajar directamente sobre lo que más te molesta.
Mi criterio está precisamente ahí: en saber qué merece atención ahora, qué mantendría, qué puede esperar y dónde no gastaría todavía tu energía.
Al entrar me cuentas qué quieres mejorar y me das tu punto de partida. Estudio tu caso y te devuelvo por escrito qué estoy viendo, qué relaciones encuentro, desde dónde empezaría y por qué.
Después lo llevamos a tu vida y observamos qué ocurre. Lo que responde, lo que cuesta y lo que cambia me da nueva información para seguir decidiendo contigo.
PARAR · ESCUCHAR · ELEGIR · ACTUAR · OBSERVAR
Mientras avanzamos
Mujeres a las que ya he acompañado
Son experiencias de acompañamientos anteriores. Las comparto para que puedas ver cómo trabajo. Cada caso y cada respuesta son diferentes.
Aroa vivía cada vez más limitada por las descomposiciones: comer fuera podía terminar en vómitos y en tener que ir al baño. Al estudiar su caso aparecieron su ritmo de vida, una alimentación basada muchas veces en lo que pillaba, los horarios y un duelo importante coincidiendo con el inicio del empeoramiento. Trabajamos en aumentar la densidad nutricional, ordenar las comidas —también sus táperes— y escuchar mejor las señales del cuerpo. Tres meses después contaba que había dejado de vivir con descomposiciones y podía volver a salir a comer una pizza o de pintxo pote sin vivir pendiente de que apareciera el síntoma.
Aroa · experiencia personalIntza llegó con dolores de cabeza en una etapa de muchísimo trabajo, noches que alargaba para adelantar, niños pequeños, poca hidratación y comidas desordenadas. Empezamos por cosas muy concretas: beber agua, caminar diez minutos antes de recoger al peque, comer sencillo pero ordenado y acostarse antes de las 23:30. Dos meses después me decía que se había olvidado de los dolores de cabeza y que ya ni se acordaba de llevar ibuprofeno. “Esto sí es vida. Si lo sé, hubiera empezado antes.”
Intza · experiencia personalIrene llevaba tiempo intentando bajar peso y sentirse menos hinchada. Comía menos, se saltaba comidas y acababa picoteando por la tarde o cenando lo primero que encontraba, agotada y sin ganas de jugar con sus dos peques. Una de las decisiones que más le sorprendió fue parar cada tarde y comerse una tortita con chocolate. Cuatro meses después se sentía menos hinchada, con más vitalidad y más presente en casa. Un día su pequeño le dijo: “Ama, qué contenta estás últimamente. Juegas más. Qué guay.”
Irene · experiencia personalMaría vivía angustiada por la ansiedad de la tarde. Al mirar su día vimos café con leche y galletas al empezar, pastas a media mañana, comidas muy escasas y otro café con algo dulce para seguir. Llevaba años así. Ordenar la alimentación desde la mañana, dar más consistencia a las comidas y empezar a elegir opciones saladas le ayudó a entender lo que ocurría. Hoy dice que prefiere comerse su chuleta y compartir el postre: ella y su cuerpo están mejor así.
María · experiencia personalQuién te acompaña
Soy nutricionista y llevo dieciocho años acompañando a personas que llegan con algo que quieren mejorar y necesitan entender por dónde empezar.
Mi forma de trabajar consiste en escuchar, estudiar el caso, relacionar lo que estoy viendo y detectar qué puede ayudar más en ese momento. La alimentación es una parte importante, siempre dentro de la digestión, el descanso, la energía, el estrés, el movimiento, el momento vital y el contexto.
El síntoma es el lugar por el que podemos entrar. A partir de ahí, quiero entender qué hay detrás y acompañarte desde la raíz todo lo que podamos.
Y también soy madre y trabajadora. Sé lo que es que cambien los horarios, no haber descongelado nada o llegar a una semana en la que la vida ocupa más espacio del previsto. Por eso necesito que lo que decidamos pueda vivir también ahí.
Lorea Agirre · Diplomada en Nutrición Humana y Dietética · Col. 207 · 18 años de experiencia
Puede tener sentido para ti si...
Empezamos el 14 de septiembre
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No necesito que llegues sabiendo por dónde empezar. Necesito que me cuentes qué te pasa y cómo va de verdad. Con esa información puedo seguir mirando y decidir contigo el siguiente paso.
Las nuevas plazas cierran el jueves 10 de septiembre a las 23:59. Empezamos juntas el lunes 14, cada una desde donde está y hacia lo que quiere mejorar.
Antes de decidir
Tú no tienes que descubrir sola qué pieza falta.
Cuéntame qué quieres mejorar. Yo empiezo mirando desde ahí.